martes, noviembre 07, 2006

motivos ecologicos?


En realidad no se que me resulta más sorprendente del texto de Leff (2004), si su trabajo analítico para dar cuenta cómo la racionalidad ambiental se constituye en un eje transversal que se manifiesta en diversos campos de la realidad humana; o la fuerte influencia de las corrientes de pensamiento francesas a partir de las cuales construye su discurso y llena de significado la racionalidad ambiental.

En cualquiera de los dos casos, Leff demuestra un trabajo de reflexiones profundas y de búsquedas incesantes para plantear un pensamiento complejo que se propone “crear un vínculo entre el ser, el saber y el pensar”, lo cual incluye lo real, lo simbólico y lo imaginario.

Por eso creo que no es un texto sobre el que pueda exponer proposiciones definitivas. Es más, podría decir que para aventurar observaciones acabadas deberíamos tener una mayor claridad acerca de las propuestas filosóficas de Emmanuel Levinas (1905-1995) y Jacques Derrida (1930-2004) quienes centraron sus trabajos en la fenomenología de Husserl y de Heidegger (Ser y Tiempo, 1927). Desde mi punto de vista se podría leer y valorar mejor la propuesta de Leff si tuviéramos en cuenta este devenir de las ideas. Pero esa, lamentablemente es otra historia…

Volviendo a las sorpresas generadas, quisiera en unas pocas líneas abordar la manera cómo Leff construye su discurso. En primer lugar, Leff esta interesado en oponer el Saber Ambiental a la idea de un pensamiento totalitario, sistemático y homogeneizante (idea que retoma de Levinas). De ahí su necesidad de plantear una racionalidad ambiental que se distancie de la racionalidad occidental a través de la cual se concibe la naturaleza y se ha consolidado la economía mundial. De ahí que a la racionalidad del saber ambiental le corresponda una epistemología ambiental, una ecología política y una ética de la otredad. De esta manera, Leff pone a la base de cada una de estas dimensiones del Ser la idea de la diferencia (idea que retoma de Derrida).

Así pues, Leff da fuerza a la idea de que existen diversas formas de apropiar la naturaleza más allá del dominio objetivo e ilimitado de la naturaleza. Que las naturalezas homogeneizantes que se construyen a través de los discursos de poder, demuestran lo no natural de la naturaleza. Que el arraigo que caracteriza el saber ambiental permite hablar de territorios existenciales y mundos de vida. Que la política cultural o de identidad expresa el derecho a Ser (derecho a la diferencia). Y que en la cuestión de género las relaciones de alteridad permiten abordar las diferentes formas de identificación, de saber y de sentir.

Con su análisis, Leff quiere plantear un Saber Ambiental que encarna la complejidad. Pero su necesidad de abordar la complejidad va mucho más allá de emplear una estrategia conceptual. El Saber Ambiental queda plasmado como múltiples formas de Ser (pensar, crear, producir, vivir). La naturaleza, por su parte, corresponde a lo otro, la otra y por lo tanto es abordada mediante relaciones de alteridad. Por eso mismo, para Leff es preciso elaborar algunas ideas sobre la ética, sobre la manera de Ser y experimentar a eso otro, lo absolutamente otro. (Para Levinas se trata de una experiencia fundamental que desconocen las filosofías de la totalidad que reducen el “otro” al “mismo” y que por ello plantean un conocimiento total y por esta misma vía un control natural).

Inmersos en múltiples relaciones de poder, naturaleza y seres humanos deben renacer (idea que se hace posible en tanto se plantea la muerte del sujeto absoluto, como una condición más de la posmodernidad). Renacer para Leff significa ejercer la diferencia y por eso su ética se plantea la emancipación, no como ejercicio de poder sobre lo que antes causaba la opresión, antes bien como “voluntad de poder que tiene sus raíces en el ser y no en el orden jurídico de la justicia y el orden económico de la distribución” (2004:296).

Por eso, desde la propuesta de Leff la justicia ambiental va más allá de la búsqueda de equidad en la distribución ecológica, la compensación de los daños y la distribución de los beneficios de la etno – bio – prospección (2004:270). Asimismo, la ecología política para Leff no sólo le conciernen los conflictos de la distribución ecológica sino que debe ir más allá, explorando con luces nuevas “las relaciones de poder en el saber que se entretejen entre el mundo globalizado y los mundos de vida de las personas” (2004:255).

De este modo, para mi Leff esta dando un salto al vacío con la plena convicción de encontrar los sentidos de la existencia. Y por eso a veces sus alusiones a lo ambiental me resulta una excusa – aunque una muy buena excusa – para dar el salto. Ante este acto emancipatorio, solo quedan inquietudes ¿Seremos capaces de asumir por fin de esta manera nuestra naturaleza y la naturaleza en la que somos? ¿Estamos preparados para un discurso (un imaginario colectivo diría Escobar) de tales características? Y más urgente: ¿Cómo podremos salvar la política de la diferencia de un individualismo democrático en el que “la ecología se integra al mercado y se adapta naturalmente a las exigencias de los consumidores” (Ferry, 1992)?

Es esta última pregunta la que persiste en mí al leer el capítulo noveno. Y la lucha continúa…

lunes, octubre 23, 2006

De conceptos y otros laberintos


Antes de evaluar el concepto de sinergia, quisiera precisar (desde mi punto de vista) algunos aspectos relacionados con el tema de la complejidad en las realidades sociales contemporáneas.

Para abordar el primer aspecto debo recordar el contenido de mi comentario acerca del texto de Wallertestein “Sistema – Mundo”. En él hacía referencia a algunos autores que han abordado la oposición entre la parte y el todo, con el propósito de romper con la dicotomía no para negarla, sino para interpretarla de un modo distinto. Quizá Corning, frente este planteamiento aludiría a la explicación reduccionista vs. la explicación holista. En tu comentario, también apuntas a que se trata mucho más que una oposición y aludes a las múltiples determinaciones a las que estamos sujetos. Sin embargo, mi idea – con poco éxito – trataba de dar cuenta de una realidad múltiple y dinámica más que a un modelo mecánico para explicar los procesos de estructuración de nuestras identidades. En otras palabras, quería aludir a la idea de la complejidad y a la necesidad de análisis a través de los cuales pudiéramos ofrecer una interpretación – más que una explicación (causal)- de las realidades globales/regionales/locales, sin diluir a los sujetos que en ella intervienen y que por lo tanto inciden en menor o mayor grado en su determinación.

En este sentido, bien podría hablar de “sinergia social” (tanto positiva, como negativa), aunque simplemente prefiero no adoptar un término metafóricamente diciente, pero a fin de cuentas poco esclarecedor.

Por otra parte, considero que en los planteamientos de Wallerstein frecuentemente aluden a la complejidad que caracteriza el sistema – mundo: la división del trabajo, la complementación entre mercado y estado, la maximización de los beneficios, los movimientos antisistémicos, los ciudadanos, etc. De este modo puedo decir que el sistema – mundo es un buen ejemplo de sinergia. No son acaso los todos los factores mencionados un “concurso activo y concertado de varios organismos para realizar una función”? Por eso concluyo que la noción de complejidad a la que alude Wallerstein es formalmente análoga a la noción de complejidad que trata de abarcar Corning mediante el concepto de sinergia, aunque los autores estén hablando en dos planos totalmente distintos.

Por esta misma línea de análisis, me surge otra pregunta ¿No es a caso la división entre disciplinas sociales un efecto de la división social del trabajo propio del modo de producción capitalista y la evidencia fehaciente de que la ciencia y las disciplinas sociales hacen parte integral del sistema - mundo?

No es que este en desacuerdo con la complementación de las disciplinas sociales e incluso en una especie de complementación entre modelos de pensamientos de ciencias duras y disciplina sociales. Es sólo que cuando Corning habla de división del trabajo como un ejemplo de sinergia, me resultan inquietantes sus argumentos acerca de la importancia de un paradigma con efectos cooperativos, emergentes e interaccionales. ¿De qué cooperación se trata? ¿En función de qué o de quién?

Creo en suma que Corning omite las condiciones de posibilidad del conocimiento científico. Esto bien puede ser porque su propuesta se debate en un campo de conocimiento gradualmente distinto al nuestro, o bien porque aún contempla la realidad social empleando los juegos de lenguaje propios de la producción científica empirista.

Finalmente, creo que la idea de cooperación aplicada a una situación social como el pueblo Tzeltal o el EZLN, puede asociarse de manera menos artificial a la idea de resistencia y la idea de autonomía, más que a la noción de sinergia.

sábado, octubre 14, 2006

limites metodologicos


Mucho más allá de criticar los estudios basados en el estado – nación como unidad de análisis, considero que Wallerstein en su trabajo “Impensar las Ciencias Sociales” cuestiona la interpretación de la historia moderna en la que nos hemos formado una serie de investigadores sociales y por lo tanto alude a una serie de categorías de análisis a través de las cuales se ha estructurado el discurso “científico”. Sociedad, estado, revolución industrial, desarrollo social son algunas de las categorías de análisis alrededor de las cuales ha girado la explicación de los procesos sociales, pero además alrededor de las cuales se estructuran políticas globales, acuerdos comerciales, flujos de capital propios del sistema – mundo.

Indudablemente sus propuestas apuntan a una reevaluación de las problemáticas de investigación más relevantes en las ciencias sociales. En esta medida alude a la dimensión metodológica del quehacer investigativo y a la necesidad de emprender fuertes reestructuraciones no sólo al tipo de unidades de análisis primordiales, sino además en la consolidación de una sola “ciencia” social histórica (pp. 112) que en cierta medida enfrente y de luces a la crisis del actual sistema – mundo. Planteamiento que me resulta un tanto utópico y que me parece omite los modos de producción a los que se ve sujeta la producción de conocimiento hoy en día.

Por eso considero que la preocupación de Wallerstein resulta relevante aunque no del todo realista. No obstante, si deja inquietudes importantes al quehacer antropológico en dos sentidos. El primero de ellos refiere a la perspectiva histórica que debe ser integrada en los procesos de investigación, pero mucho más allá de la compilación acrítica de información histórica sobre una realidad determinada. El segundo refiere a la dimensión espacial que de cuenta de las relaciones local – global de los procesos sociales y de las diferentes estructuraciones a las que esta sujeto un lugar de estudio determinado.

Cuando Ronald pregunta acerca de la realidad objetiva de la unidad de análisis me parece que apunta a la dificultad de definir unidades de análisis complejas que den cuenta de las múltiples relaciones que tienen lugar en el área en la cual vamos a realizar las investigaciones. Ahora bien, indudablemente el término “unidad de análisis” corresponde a una categoría de análisis que el investigador crea para decir, describir, comprender y analizar una situación social de corta, mediana o larga duración. Eso es algo que no podemos negar. Sin embargo esto no quiere decir que dicha categoría creada para un análisis particular no tenga efectos potenciales sobre la situación a la que hace referencia y que incida en su realidad objetiva. Surge ante nosotros y nosotras la compleja trama de relaciones de poder en la cual estamos inmiscuidos.

Pasando al ejercicio de delimitación de la posible unidad de análisis en mi proyecto creo que más que justificar debo evidenciar cuales son los parámetros en los cuales me baso para configurar una unidad de análisis y no otra. Por ejemplo: Si mi problema de investigación gira en torno a las transformaciones de los paisajes en lo que hoy se conoce como Reserva de la Biosfera de los Montes Azules puede ser que mi límite espacial haga referencia a la línea limítrofe entre los terrenos que hacen parte a la Reserva y aquellos que la rodean. Sin embargo esto no quiere decir que el límite espacial excluya la población humana que vive en los alrededores de la Reserva, la cual vivía en estas tierras antes de conformarse dicha Reserva. Si además de abordar la visión de la población local decidiera tener en cuenta la visión del estado mexicano frente a este lugar podría contemplar los documentos emitidos por diferentes instituciones del estado tratando de interpretar sus contenidos con relación a las percepciones de la población y con relación a los discursos de biodiversidad emitidos a nivel global. Con lo cual podría acercarme a los procesos de estructuración de dicho espacio a diferentes escalas, incluyendo en parte la del sistema – mundo. Sin embargo es posible que para mi investigación no solo deba contar con un periodo amplio de trabajo que me de tiempo para estructurar y comparar toda esta información, sino con una buena financiación.

Este ejercicio de reflexión metodológica resulta esclarecedor no sólo porque me ratifica las dificultades de dar cuenta de realidades tan complejas y simultáneas, así como las condiciones de producción a las que estoy necesariamente restringida.



jueves, octubre 05, 2006

Wallerstein


De una y otra manera los planteamientos de Wallerstein, Jacorzynski, Benkler, Tsing apuntan al problema de la oposición entre la parte y el todo, entre la estructura y el sujeto. O como dirían Giddens y Bourdieu entre el campo social y los agentes.
Sistema mundo – periferia
Global - local
Red virtual - sujeto
Comprensión – interpretación (Gadamer)

Quién determina a quién, sería la pregunta más inmediata de esta polaridad. Sin embargo los planteamientos de estos autores justamente buscan romper con la dicotomía no para negarla, sino para interpretarla de un modo distinto. Es decir, para evidenciar la dinámica constante que se da entre ambas partes de la relación y la manera como se estructuran mutuamente, necesariamente a través del tiempo y el espacio.

Por eso en sus planteamientos, ni el papel de los sujetos ni el papel de las estructuras sociales (sistemas mundo) pueden ser del todo excluidos. Ambas son entidades históricas que ocupan, abarcan, construyen un espacio desde el cual producen la(s) realidad social(es) y por lo tanto “debería” darse cuenta de ello en cualquier tipo de investigación.

Sin embargo, esto requiere de un análisis complejo para el cual muchas veces carecemos de metodologías (habilidades, imaginación) que nos permitan evidenciar tales procesos, sin diluir a los sujetos dentro de los análisis generales y sin idealizar a los sujetos desconociendo la posición (histórica y espacial) desde la cuan nos hablan, así como las estrategias de adaptación, resistencia o acomodamiento que emplean.

En este sentido tampoco en los análisis se “debería” olvidar (o simplemente ignorar) la posición desde la cual nosotr@s, como investigadores interpretamos una problema específico.

Por eso, considero que frente a estas temáticas teóricas que nos plantean, el reto no es tanto comprender lo que nos permiten hacer sino en realidad como aplicarlas en el proceso de investigación.